En la redacción general, los autores echan mano de frases introductorias para inaugurar un párrafo, capítulo o sección. Hay algunas que de tan frecuentes se convierten en frases hechas y dejan de ser muy originales (como "En un mundo globalizado…"). De igual forma, existen otras que son aberrantes y son copias de una traducción literal (como "lo amé" o "te lo prometo"), o simplemente las utiliza en contextos en los que no tienen sentido (como "en promedio" —en lugar de 'aproximadamente'—, cuando no hay más que un solo dato).
Dos de ellas ("alrededor del mundo" y "girar en torno a") constituyen lo que llamo metáforas gravitacionales:
La primera es un calco muy desafortunado, fruto de la pereza de quien piensa que traducir significa cambiar las palabras de un idioma por las de otro y usarlas en el mismo orden. De lo contrario, ¿cómo hablar —evidentemente, en español— de gente "alrededor del mundo"? Las únicas personas de quien es correcto ubicarlas así son los astronautas que orbitan en alguna aeronave apta para ello.
Todo lo que se encuentra sobre la superficie del planeta, digamos, en los países y sus territorios o el agua, se concibe como parte del mundo. Por consiguiente, cualquier cosa que esté "alrededor del mundo" tendría que estar orbitando; no hay otra manera sencilla. Sin embargo, es probable que quienes se encuentren, literalmente, "alrededor del mundo" no participen en las situaciones en las que involuntariamente se incluyen en los dichos de algunas personas.
La segunda metáfora la vi con frecuencia en materiales instruccionales. Los autores afirmaban que cierto tema "gira en torno a" un elemento específico. En este caso, no encuentro ninguna aclaración al afirmar que algo abstracto "gira", y luego "en torno (alrededor) a" otra cosa.
Una rotación es un movimiento muy específico que no sé si pueda ser una característica propia de elaboraciones teóricas. Creo que tampoco es una forma de desplazamiento muy natural para los seres vivos. Quizá el giro sea algo más propio de algunos cuerpos celestes, las ruedas de vehículos y seguramente muchos aparatos creados por los humanos (como los tornamesas, las máquinas centrifugadoras, las lavadoras de ropa, aspiradoras, entre otros).
En conclusión, una de las funciones de las lenguas humanas es la descripción del mundo. Lo más recomendable, para una escritura clara, es ver el mundo y escoger las palabras que mejor sirvan a dicho propósito. No siempre es sencillo, pero debería ser más fácil guiarse por la realidad para hablar sobre ella que emplear frases hechas que solo oscurecen la expresión. Invariablemente, esta situación delata las cualidades y motivaciones de sus autores.